Hace pocos días, el sitio web Diariosobrediarios anunció que su sección Revistaxrevista iba a cerrarse ante la perdida de protagonismo en la agenda mediática. El apartado trataba de hacer un punteo de los temas, portadas, fuentes y firmas que aparecían en las distintas publicaciones. Pero, el medio argumenta que la salida de la sección se debe a que las revistas caen en “tapas rimbombantes que remiten a notas livianas y en general construidas con fuentes anónimas, encolumnamientos políticos explícitos (“oficialistas” y “opositoras”) y escasez de información”. Sin dudas, la enumeración resulta destructiva y vale cuestionarlo y observar que pasa más allá de los semanarios de actualidad.

Por su periodicidad, las revistas como Noticias, Veintitrés, Debate, entre otras tienen como valor distintivo la posibilidad de no correr detrás del último momento y dedicar a su equipo de periodistas a la investigación y al análisis contextual de fenómenos sociales, con un fuerte impacto en el contenido del resto de los medios. Esta caracterización funciona desde la teoría y lo acontecido durante la década del 90’. Actualmente, resulta difícil recordar temas que los semanarios hayan instalado en la agenda mediática. Esto se debe a que surgieron nuevas publicaciones semanales de menor precio como Perfil (los fines de semana) y Miradas al Sur, mientras que la mayor venta de diarios se registra también los domingos, con el correspondiente aumento de cantidad de hojas. Estos medios tomaron la posta del análisis periodístico avalado por firmas reconocidas y se aseguran la repetición de la agenda en el resto de la semana.

Este panorama es el que pone en jaque a la prensa gráfica cuando se habla de la muerte del papel, la baja de lectores y el consecuente, financiamiento. Todo se trata de buscar el encanto del periodismo escrito, su aspecto distintivo ante el bombardeo de lo instantáneo. Al respecto, Tomás Eloy Martínez pugnó por hacer de este oficio un arte, de buscar la belleza en el relato sin resignar rigor en la información, es decir de pedirle más vuelo a la tinta y no tanta automatización. Entonces, como lectores ¿debemos fijarnos en el peso en el agenda o en la calidad de los textos?

Cazadores de imágenes

7 ene. 2010

Las nuevas tecnologías y sus dispositivos individuales han dado lugar a un rápido procesamiento, traslado y publicación de la información. En uno de sus tantos ecos, los medios tradicionales tomaron la herramienta para que su audiencia los alimente de contenidos. Esto en el discurso multimedial se traduce en la oportunidad única del espectador de compartir sus experiencias, con un halo de ilusión acerca de ampliar las fuentes de información. Y en ciertas ocasiones, la captura de imágenes oscila entre lo fatal, como el Rally Dakar, y el buen gusto, como en el funeral de Sandro. Pero lejos de ampliar la mirada, la televisión sigue imponiendo su agenda y estética.

La consigna de subir “tus imágenes”, por parte de los medios se repite ante la incapacidad de la cámara por poseer ese material. En los casos de los fenómenos climáticos en distintas partes del país, revela el “porteño- centrismo” que caracteriza al sistema mediático actual y que reduce los paisajes en postales de espectáculo de un minuto. Este aspecto es el que le otorga el valor a la pieza porque sin espectacularidad, no hay noticia.

Obviamente, la diversidad de material es notoria. En este sentido, no podemos ignorar la necesidad de algunos espectadores que luchan por una porción de fama, apenas retacean un instante, en el que el locutor/conductor los mencione como “Juan de Colón, provincia de Buenos Aires”. Pero la mención lejos de catapultarlos a la notoriedad pública, los pierde en la misma espectacularidad y la sucesión de imágenes similares.

Otro tanto, sucedió en la última semana con el Dakar debido a que su transmisión estaba sujeta a derechos adquiridos en este caso por la televisión pública. Aquí se alcanzó un límite difícil de explicar cuando por el afán de captar La imagen, los medios mostraban los esfuerzos de los cronistas aficionados. Por ejemplo, en algunos tramos donde las motos andaban por las rutas a gran velocidad, muchos con sus automóviles o en pequeños ciclomotores intentaban acercarse al piloto y saludarlo y retratarlo, en una acción riesgosa.

Ahora bien, ¿se puede dejar de lado la tentación de hacer click cuando tenemos una camarita en el bolsillo? ¿Negarse ante la recompensa de salir en la tele o ser nombrado porque leyeron un comentario en Facebook? ¿Se puede ser tan inocente en creer que por estas consignas, los medios escuchan y trasmiten los intereses de la ciudadanía? Pasemos a otro caso en el que también la cámara estuvo vedada a los multimedios: El funeral público de Sandro. Si bien puede sonar contradictorio y se presta para el debate la televisación del velatorio del ídolo, es necesario destacar la ansiedad de los medios por generar material en la transmisión de 24 horas, pero que, finalmente, el pedido de los deudos fue respetado en un pacto entre los periodistas y la gente que lo despidió. El celo de la familia por esas imágenes pareció ingenuo ante el paso de la multitud y la posibilidad de tomar alguna fotografía o video en apenas segundos con sólo contar con un celular, cuestión que también sucedió y no logró una gran rotación en la televisión y su difusión quedo en YouTube.

En cualquier circunstancia, el usuario que “comparte” su material con los medios sabe que pierde su propiedad sobre él y no obtiene nada a cambio. Su cesión de derechos deja a voluntad de los editores el modo y la publicación en la televisión. De este modo, si surgiera la necesidad de dar a conocer algún hecho que escapó a la mirada periodística o que por razones políticas locales no pudiera reproducirse, la línea editorial de los multimedios impone su agenda y su criterio estético ejerciendo un filtro de calidad y de importancia cercano a la censura corporativa.

Miradas sobre la Concentración

1 ene. 2010

El 2009 será recordado como el año de la Gran Crisis mundial y en el que se cuestionó al Mercado. Paralelamente, el Estado (en especial, el norteamericano) salió al salvataje de los gigantes económicos e intentando contener sus graves efectos en lo social. En Argentina, el centro del debate fue la concentración y la necesidad de actualizar las políticas en el sector de los medios de comunicación, que resultó en la sanción de la nueva ley de servicios audiovisuales y una fuerte pulseada entre los holdings y el gobierno. Pero lejos de ser una particularidad nacional, se trata de una tendencia en la región, donde algunos países, como Brasil, ya empezaron a diagnosticar y recetar una reforma en el sector.
En medio de la tormenta, se publicó "Los Dueños de la Palabra" de Martín Becerra y Guillermo Mastrini, una investigación que relevó la concentración mediática al 2004 en Iberoamérica. En ese recorrido es posible observar generalizaciones y pequeños matices, crecimientos y declives en las industrias infocomunicacionales. Este concepto viene a actualizar al de industrias culturales de Adorno, ya que no se trata de géneros sino del acceso, facturación y porción de mercado a diferentes medios de comunicación. De este modo, se agrupan y se analizan en la obra a la telefonía fija y celular; televisión de aire, por cable, satelital; banda ancha, cine, discos, libros, radio y la gráfica.
Más allá de los datos estadísticos y porcentajes, es interesante observar cómo se extienden las fronteras de los grandes empresas como Telefónica y Telmex; la relación inversamente desproporcional entre el aumento del acceso a Internet con la discografía y las editoriales y la fuerte expansión de los celulares.
Por otro lado, existen las asimetrias entre los países en el porcentaje de población que consume una multiplicidad de estas industrias. Así, en las zonas más empobrecidas la televisión y la radio continúan siendo predominantes por su acceso relativamente gratuito.
Además, es notorio que la actividad originaria de los multimedios como "Globo, Televisa, Telefónica, Telmex, Cisneros, Clarín, Prisa, Edwards-El Mercurio" es la más concentrada en sus respectivos países de cuna. Y en Centroamérica, existe una vinculación directa entre los grandes terratenientes y los grupos mediáticos. Esta unión se evidenció en el Golpe en Honduras que contó con la complicidad de las cadenas locales de noticias .
Este seguimiento que tuvo su punto de origen en "Periodistas y Magnates" (ïbid. 2006) nos brinda un estado de la cuestión de la concentración de las industrias comunicacionales en la era de lo mediático y por eso cobra relevancia. Especialmente, cuando se puede armar un mapa de las relaciones entre las corporaciones y el poder político.
De alguna manera, Mastrini- Becerra dirigieron un informe que desnuda la extensión de los oligopolios al cruzar diferentes fuentes de información. Pero que enfatiza los anomalías del sistema tales como la ausencia y el poco peso de las medios públicos y el díficil acceso a registros de propiedad, facturación y porciones de mercado oficiales, lo cual resulta paradojico en el sector que se dedica a dar noticias a la población.
Nuevamente, en el 2010 el interrogante entre optar por la lógica de mercado o por el servicio público en la comunicación seguirá en el centro de los debates. No es más que discutir una dimensión de los alcances de nuestras democracias en Latinoamérica.