El otro amenazante

7 dic. 2011

En los últimos dos años, se experimentó una explosión de presentaciones y nuevos productos dedicados a esterilizar los ambientes, los objetos y las manos. Desde jabones hasta yogures que potencian las defensas del cuerpo, pasando por aerosoles y toallas desinfectantes, se conformó una oferta para la protección frente a virus y bacterias.

Como un resabio de la paranoia desencadenada por la gripe H1N1, las publicidades de los productos desinfectantes e insecticidas domésticos construyen la existencia de una amenaza latente a la salud. En este escenario, no hay lugar seguro ni en la casa, el jardín, el trabajo o cualquier otro ámbito. Y mediante la estereotipación de las animaciones de insectos y bacterias, se emprende la campaña para eliminar a ese otro amenazante caracterizado bajo el imaginario de los excluidos. De ese modo, estos productos generan un discurso propio que no sólo connota el exterminio de aquello que puede atentar contra la seguridad sanitaria, sino que implica una visión excluyente de ciertos sectores sociales.

En algunas de estas piezas, la amenaza es tácita y en otras, se recurre a la animación ya sea de mosquitos (Raid) como de bacterias (Ayudín), con el objeto de que resulten desagradables y así reforzar que son el enemigo a vencer. Para esta caracterización negativa, los personajes utilizan tanto el lunfardo como otras expresiones de los sectores más postergados de la sociedad. Se los ve bailando, jugando a las cartas o disfrazados de ladrones porque son los parásitos de un hogar armónico de clase media y/o alta. En este proceso de humanización, ellos están construidos bajo los estereotipos de la marginalidad. Entonces, las publicidades nos recuerdan que están ahí en los lugares donde no podemos ver, acechando cualquier distracción. De ahí, sobreviene la necesidad de consumir esos productos porque si no vemos a los virus, insectos y bacterias hay que eliminarlos desde las manos de los chicos, los objetos que tienen contacto con el exterior o de aquello que se comparte.

En consecuencia, el discurso se torna paranoico porque no hay ámbitos seguros. Por eso, bajo esta lógica recomiendan llevar un Lysoform pequeño para desinfectar la oficina en el trabajo, aplicarlo también en las hamacas de las plazas, pasar una toalla Ayudín sobre el carrito del supermercado y lavarse las manos con un jabón eficiente, como Lifebuoy o Protex, varias veces al día.

En este sentido, no es casual que los escenarios domésticos correspondan a los paisajes de barrios cerrados. Justamente, ámbitos desarrollados para que las clases altas se aíslen en búsqueda de seguridad imposible de lograr al convivir con otros sectores sociales. Así estas piezas son mensajes dirigidos a este público que forma ghettos por sus patrones de consumo.

De este discurso se infiere que la convivencia es un peligro, dado que en el acto de compartir un espacio, un juego o un objeto, nos arriesgamos al contagio de algo que no vemos pero que está ahí latente. Si internalizamos este discurso en las prácticas cotidianas, la convivencia en sociedad se vuelve imposible por el miedo al otro.

Otro elemento que es destacado por los spots es el denominado “poder residual” que ostentan los insecticidas. Esto implica no sólo la eficacia del producto en su aplicación sino más allá, cuando ataca a las larvas. Es decir su beneficio reside en el exterminio de una amenaza futura. Esto tiene su correlato en la esfera de la convivencia social con la premisa “a éstos hay que matarlos desde chiquitos”.  

Más allá de la higiene necesaria para conservar la salubridad, la lógica paranoica de este discurso, evidentemente, refuerza los fantasmas sobre los otros, los que nos pueden contagiar y traernos parásitos a un hogar armónico y perfecto como el que aparece en la publicidad.

El pasaporte de una “chica bus”

20 nov. 2011

El “desaire” de Luciana Aymar a no entregarse al show en Sábado Bus fue la muestra evidente y necesaria de la mercantilización del cuerpo en los medios masivos de comunicación. En el caso del programa de Nicolás Repetto, en cada emisión, se ponen en juego diferentes estereotipos femeninos en los que solo cabe la cosificación de la participante.
Indiscutiblemente, quienes son invitados aceptan protagonizar las secciones que integran al programa. Aunque, sería difícil distinguir la delgada línea que separa la obligación del consenso. En esa dicotomía, se encontró la deportista al ser llevada a ocupar un rol predeterminado en el que ella no se sentía cómoda: la muñeca bus.
Ocurre que en ese programa, los casilleros están estrictamente delimitados y jerarquizados para las mujeres: “Bellezas internacionales” (para las modelos), “Muñeca bus” (vedettes), “azafatas” (secretarías y staff estable) y sólo para las selectas, “portfolio”. En todos los casos, el protagonismo es el desnudo, total o parcial, en el que lo femenino pierde su condición de sujeto para ser objetivado.
Al observar las sucesivas emisiones del programa de entretenimientos, la sección “bellezas internacionales” estuvo signada por un estereotipo de mujer alta, de extrema delgadez y sin siliconas en exceso. Así, se connotaba lo natural y lo fino que, por mimesis, se combinaba con la inmensidad de un paisaje exótico y real. En este marco, la modelo elegida formaba parte del cuadro como mero adorno.
Por otra parte, en la “muñeca bus” se puso en funcionamiento otro modo de mujer-objeto: la exuberancia de vedettes o personajes mediáticos que dramatizan clichés de fantasías sexuales.  Con la saturación del color rosa, la sección incluye una “performance” en vivo, donde la protagonista sale de una cajita, donde está atada, no emite palabra y es liberada por otro invitado y el conductor. Aquí es evidente el proceso de cosificación, al vincular este estereotipo con la producción masiva de un juguete. Asimismo, en términos de realización televisiva, esta última sección es más barata que la otra, que incluye una inversión en viajes.
En el menor de los niveles, están las “azafatas”, el elenco estable que desfila, decora y colabora con la sonrisa y desnudez. Mientras que, en el escalafón más alto de participación, está el “portfolio”, donde suelen lucirse actrices y actores con un lenguaje más artístico pero que busca el mismo impacto con la erotización visual.
¿Qué le pasó, entonces, a Luciana Aymar? Su figura de celebrity excede los casilleros impuestos. Pero en el esfuerzo para que participe en los espacios que le son permitidos en el show, fue reducida a su belleza y al “pecado” de operarse las tetas. Bajo una lógica machista, su trayectoria deportiva fue dejada de lado y se intentó vedettizarla. En el resto de los medios de comunicación, se condenó su “falta de onda”, cuando se trataba de timidez y de la conciencia de ejercer un rol que, públicamente, no le es propio. 

Esa Mitad

24 ago. 2011

 Más allá del margen de votos entre Macri y Filmus, desde el discurso mediático se erigieron otros dos protagonistas antagónicos, en la lectura de la elección porteña. Por un lado, el “exitoso cerebro” de la campaña Pro, Jaime Durán Barba y por el otro, el “fascista” Fito Páez con la columna post-escrutinio, publicada en Página 12.


A partir de allí se amplificó un debate en el que los medios de comunicación replicaron el “asco” que le generaba al artista la mayoría que optó por Macri y en pocos espacios, se reprodujeron los argumentos que desarrolló el autor. En su artículo caracterizó a los porteños como mezquinos, individualistas, banales y conservadores, entre otros adjetivos del mismo tenor. Según Páez, este perfil fue cautivado por el actual jefe de gobierno.

Por otra parte, el asesor ecuatoriano aparece como el gran héroe comunicacional al plantear una estrategia electoral con una amplia adhesión. Sin embargo, su concepción del ciudadano no difiere tanto a la de Fito. En su libro “Mujer, sexualidad, internet y política. Los nuevos electores latinoamericanos” (2006) los describe como quienes “no votan por ideas, no suelen entenderlas demasiado ni les parece interesante perder su tiempo en estudiarlas” (ibíd., p. 345); “elector individualista, mediático” (ibíd. 348); “antes que solucionar problemas básicos de infraestructura, quieren lograr comodidad y diversión […] no pueden vivir sin televisor, celular y sin pintarse el cabello” (ibíd., p. 355); entre otras caracterizaciones.

¿Existe, entonces, demasiada diferencia con lo dicho por Páez? No, por eso los medios de comunicación enfatizaron el “asco” hacia los capitalinos y se lo atribuyeron al kirchnerismo, en una muestra más de la “crispación”.

No podemos dudar de la habilidad de Durán Barba, ya que para llegar al “corazón del elector” construyó una campaña sin conflictos y un personaje amigable. En ese sentido, la estética similar a Portugal Solidario 2010, los globos, la cumbia y el rock contagian ese espíritu de fiesta y diversión. En ese discurso, los afiches de “vos sos bienvenido” son propios de folletos turísticos, donde el ciudadano porteño, paradójicamente, recibe la tarjeta vip (o pro) a su propia Ciudad.

Paralelamente a la disolución de las otras figuras del partido (otrora candidatos), se acentuó la personalización del Pro en Mauricio Macri con la mediatización de su vida privada. Estos procesos si bien no alcanzaron a los planes presidenciales del jefe de Gobierno porteño, fueron suficientes para propiciar la imagen del representante “amigo” que pregona Durán Barba. Así el cliché “pan y circo”, es alimento del populismo de derecha, tal como ocurre en Francia e Italia. Despolitiza el Estado, la comunicación y sus mensajes.

Por otra parte, la postura de Fito no es nueva. Basta con recordar la canción y el videoclip de “el diablo en tu corazón” dedicada, explícitamente, a la Ciudad de Buenos Aires, sin Pro en el gobierno. También, fueron versos provocadores, en su momento, como: “Buenos Aires hoy te falta mambo, te sobra muerte y pasarela” y “te haces la chica sin tabú, pero sufrís baja presión”. Expresiones tan crudas como las de su polémica columna que no reprocha a quienes no eligieron a Filmus, sino a aquellos que aprobaron la gestión macrista y sus valores, tras cuatro años de mandato.

Más allá de los resultados, tanto Durán Barba como Fito Páez han mirado del mismo modo a esa mitad que optó por la reelección de Macri. Para uno, son los nuevos tiempos y para el otro, es repulsión. El héroe y el villano han sido armados al gusto de los intereses de los medios de comunicación.

CQC con su particular modo de integrar mujeres

4 abr. 2011

Anoche volvió CQC. Aquella sigla que denotaba la irreverencia, la crítica destructiva y el desencanto político que llevaba a lugar de estrellas a los ignotos noteros. Muy 90's. Pasaron muchos años y el estilo de los hombres de negro pasó a ser un ejemplo en las escuelas de periodismo y de profesionalidad en noticieros, donde el cronista sobresale por su carisma y/u ocurrencia para pasar los límites.
Este año, el programa presenta cambios: la primera notera mujer y movimientos en el staff. En contenido, poco y nada. En las últimas ediciones, la "novedad" que vendió cqc es la participación de mujeres, para acortar la acidez machista y tan retrógada, que contradecía la irreverencia con la se vanagloriaba el ciclo.
Sin embargo, Ernestina Pais, frente a la conducción, y la incorporación de la nueva notera son sólo mensajes simbólicos. Hasta aquí, y como ocurre en otras esferas del poder, las representantes del género se masculinizan y reproducen un discurso banalizado de la mujer en la sociedad. Esta premisa puede sonar como una sentencia final, pero es la conclusión más simple que se puede elaborar después de mirar la "encuesta" sobre las legisladoras y ministras en la política y cómo los hombres opinan públicamente acerca de su rol.
En el último aspecto, era bastante evidente que ningún político iba a arriesgar su imagen con algún comentario misógino. Mucho menos en un año electoral. Pero aquí la postura de la nueva notera equivoca la metodología. Se dedica a tocar y coquetear con los entrevistados, los comentarios irónicos son ineficaces y no interpela defendiendo el espacio de una mujer que toma la palabra.
Esto se intensifica cuando al dialogar con la ministra Garré y legisladoras de distintas pertenencias partidarias, se dedica a consultarlas en un doble sentido desgastado acerca de sus preferencias sexuales, estética, y demás cuestiones insignificantes con relación al ejercicio del poder que detentan. Ante la idea de la encuesta hubiese sido mucho más interesante consultarlas acerca de: despenalización del aborto, violencia doméstica, acortar la brecha salarial por igual trabajo, mejorar las condiciones laborales en caso de embarazo y lactancia, la estereotipación en medios de comunicación y fundamentalmente, saber en qué están trabajando para desmembrar la red mafiosa de trata de personas, cuyas principales víctimas son las mujeres y los niños. Fue muy triste este silencio que menosprecia el potencial de las mujeres en el poder público.
Obviamente, estos temas incómodos no son rentables al protagonismo de la figura del notero. Siempre "garpa más" el espectáculo y la ridiculez (se debe mencionar a la pésima nota de Gonzalo Rodriguez en Italia en una fiesta popular que tiran naranjas-> eso lo hacía Tinelli en la última década infame). Esto excede a la periodista, es una práctica institucionalizada del programa: la mosca sofista, que molesta desde la retórica pero nada propone. Una lástima.

En la muestra “Ellos pensaron: homenaje al pensamiento y al compromiso nacional” que se lleva a cabo en el Palais de Glace se revela un recorrido histórico e ideológico de la usina de intelectuales perseguidos, demonizados y ninguneados que “cuestionaron el orden establecido de una Argentina dependiente y nos propusieron la construcción de un país distinto”, tal como reza el programa.


De los mejores posters
En el recorrido circular, se suceden las imágenes de Evita, Perón hasta Néstor y Cristina Kirchner, pasando por Jauretche, Scalabrini Ortiz, Rodolfo Walsh, Mugica y Discépolo, entre otras personalidades. Sin duda, esta selección de las figuras del arte, el periodismo, la política y de las letras provocó polémica cuando se pretende la inútil búsqueda de la objetividad, tal como lo hicieron las críticas de Clarín y La Nación.

Sin embargo, el sentido de esta muestra no sólo es reivindicar a estas figuras sumidas en el oscurantismo del sistema educativo y de los medios de comunicación, sino también reconstruir el ideario del kirchnerismo en contextos históricos disimiles. Esto acarrea nuevos desafíos herederos de una batalla cultural que continúa en el tiempo.

En este sentido, y como resultado de este nuevo movimiento, aún no aparece una estética identitaria de los mensajes. Muchos podrán sostener que esto es un asunto menor, pero la falencia en el accionar comunicacional del kirchnerismo llevó a fuertes cuestionamientos de sus políticas de Estado. Y lo peligroso de la utilización de los códigos del pop, es la banalización del pensamiento nacional y de sus representantes.

Es urgente entonces, generar una nueva estética tan nacional y popular como el contenido de los mensajes. Esto no es imposible. Recordemos al rol militante del arte de Ricardo Carpani, con unas formas y temas que no encuadraban en las categorías europeas, porque justamente de eso se trata: de pensar desde nosotros, desde la particularidad de lo local.

Pero la plástica de Carpani se construyó en otra Argentina, donde los golpes de Estado eran episodios recurrentes y cada vez, más intensos. Este momento difiere en los actores y en el tipo de violencia que se ejerce, más sutil, más coercitiva, más efectiva. Y el campo de batalla son los medios y los discursos que por ellos circulan, con la ventaja del acceso a la producción y difusión de los contenidos (con limitaciones pero mucho menores que en otras épocas).

Hoy, el kirchnerismo cuenta con una militancia renovada, con sólidos conocimientos de las nuevas tecnologías y menos apegados a la “palabra sagrada” de los conglomerados mediáticos, pero se necesita articular un bagaje de pensamiento y en ese papel, la exhibición Ellos Pensaron es estratégicamente eficaz. En este aspecto, como acción educativa es perfecta, incluso la incorporación de un stand de ventas de los libros citados o la reproducción de films y documentales de Canal Encuentro extiende su impacto formativo. Es extraño entonces, como desde la Secretaría de Cultura resolvieron esta estética pop que exalta la producción en serie y no, la excepcionalidad de lo nacional. Quizás, somos testigos de una construcción que apenas colocó sus primeros ladrillos.

Hasta el 10 de abril, de martes a domingo de 12 a 21hs. Palais de Glace, CABA
Entrada libre y gratuita

El Corralón de Floresta

30 ene. 2011

Publicado en Diario Z N° 62, 27 de enero de 2011